Juzgar sin conocer. Juzgar los gustos. Juzgar las apariencias. Juzgar tus ideales. Juzgar todo lo que haces. Eso es la sociedad de hoy en día. Hacer daño, sin importar el como ni el porqué. Tal vez por gusto, tal vez por miedo a lo diferente o simplemente porque sí.
Si no tienes autoestima, te dicen que te lo creas más; si te lo crees, eres una persona creída y egocéntrica. Nunca sabes qué hacer, porque tienes la certeza de que hagas lo que hagas, siempre habrá alguien al que le parecerá mal, alguien que te juzgará, alguien que te insultará.
Estamos solos. La mayoría se deja llevar, por miedo a no gustarle a los demás, son como robots, programados para actuar según los cánones de la sociedad, programados para agradar. Debes beber, debes fumar, debes irte de fiesta, debes llevar la misma ropa que la gran mayoría.
Algunos dicen ser diferentes. Mienten. Porque a la primera, ya han cambiado su forma de actuar, ya son como los demás.
Si no sigues a la sociedad con todo lo que conlleva, eres juzgado, te colocan una etiqueta, una marca, y ya todos saben que eres diferente.
Te dejan solo, te critican, se ríen de ti, te miran raro, hacen todo lo posible para hundirte, aunque es preferible estar solo, tener un propio refugio del que escapar de esta sociedad que nos abruma, nos atrapa y nos derrota.
Aun siendo conscientes de todo esto, hay esperanza, hay una minoría que no es como ellos, que piensa que es mejor ser tú mismo, es mejor seguir tus propios ideales, marcar tu propio camino, ser diferente no es sinónimo de ser inferior o peor o incluso peligroso, significa tener personalidad, tener unas convicciones, algo en lo que creer, algo por lo que luchar, algo en lo que depositar tu esperanza, algo, que en ocasiones, puede cambiar el mundo.
Puedes conocer mi nombre, pero nunca podrás conocer mi historia, lo que me ha llevado a ser como soy, lo que pienso, lo que me ha formado como persona.
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